Robin Williams era un remolino – tan rápido, tan divertido, que parecía darle vida a cualquier fiesta. Cuando pasaba por los programas de entrevistas, los anfitriones siempre parecían tener la noche libre, dándose cuenta de que con un talento como él, lo único que realmente tenían que hacer era darle cuerda y dejarlo ir.

La muerte del actor de un aparente suicidio por lo tanto se siente doblemente inquietante, otro recordatorio de que la risa provocada por algunos de nuestros mejores payasos a menudo vienen a un precio exorbitante personal.

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Williams no es el primer comediante (y él era más que eso, pero para los propósitos de esta conversación, la descripción encaja) en ser afectado por sus demonios autodestructivas. De hecho, a veces ha parecido a través de los años que, mientras más brilla la luz de la comedia, más torturada y conflictiva puede ser la persona cuando las cámaras dejan de filmar.

Las tragedias cosechan una cantidad excesiva de atención – sobre todo ahora, en la era de los medios de comunicación cada vez más definidos por TMZ – pero la lista por sí sola de comediantes que han sucumbido a las drogas es desalentadoramente larga. Tuvimos a Lenny Bruce en la década de 1960, John Belushi en los años 80, Chris Farley en los años 90 – los dos últimos, dadas sus trayectorias profesionales similares, casi se sintió como una repetición espeluznante para las generaciones que crecieron con ellos. Richard Pryor sobrevivió hasta sus 60 y algo de años, pero el impacto del abuso de drogas en su vida y su carrera está bien documentada.

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Obviamente, la industria del entretenimiento ha producido más de su parte de historias similares, y no se han limitado a la comedia. Entre actores y estrellas de rock hemos perdido a demasiados.

Pero la comedia podría ser única en la naturaleza personal del ejercicio, especialmente en stand-up, donde no hay nada mas que el intérprete y un micrófono. Son pocos los artistas que se sienten tan expuestos, o solitarios en la búsqueda de su oficio.

Williams había demostrado ser un actor versátil , entre sus papeles más recordados están “Dead Poets Society”, “Good Morning, Vietnam”, “Mrs. Doubtfire “, hasta el genio animado de ” Aladdin.”Su vehículo más reciente, la comedia de CBS “The Crazy Ones”, incluyó tomas falsas al final de cada episodio que nos recuerda lo difícil que debe haber sido mantener una cara seria cuando se trabaja junto a él.

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Williams creció admirando a Jonathan Winters, quien estableció el modelo para la excentricidad cómica que Williams llegó a encarnar. Los dos trabajaron juntos en la serie ‘”Mork & Mindy”, y en una carta que escribió para el New York Times, Williams habló sobre cómo Winters – a quien llamaba su “Buda de la Comedia” – había tenido sus propias luchas emocionales.

Pero Winters vivió hasta los 87 años. Y mientras Williams deja mucho material para apreciar, para cualquier persona que admira la comedia y sus talentos únicos, es difícil no sentir que nos han robado, una vez más, de una gran cantidad de años prometedores – y risas.

Lee la versión en inglés de este obituario en Variety.com.

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